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Boehmiano. En pos de la sabiduría, como arte de vivir

De la sabiduría como "sentido común"

De la sabiduría como "sentido común"

     Hay un sentido para el conocimiento sagrado. Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, comparaba la sacra doctrina [lo que luego se llamará “teología”] con el sensus communis (el sentido o sensorio común). Y sí conviene llevar lejos esta analogía o comparación, a diferencia de lo que opinan eminentes especialistas, pues el intelecto [intellectus, de intus legere, leer e interpretar en lo profundo] ve relaciones y síntesis, conexiones y unidad donde la razón no alcanza a componer armonía y correspondencias.

 

     El intelecto (órgano de la sabiduría) percibe lo diferente unido, la unidad en la multiplicidad, pero en otra perspectiva más alta que la de las ciencias o disciplinas particulares. Sabiduría no es erudición ni especialización, lo dijo Heráclito pero no terminamos de entenderlo.

 

     La sabiduría no percibe lo concreto o fragmentado (como el sentido común no percibe olores o sabores), pero sí saborea un aura o aroma que impregna todo y lo matiza de belleza. El sentido común diferencia, como el intelecto discierne. Ver diferentes determinaciones o desarrollos de una misma realidad o verdad, esa es la tarea de la sabiduría, sin caer en limitados dogmatismos, que no son propios del ojo del corazón.

 

      Ver globalmente, totalmente; unitaria y serenamente. Que no falte el vínculo espiritual sin el que la suma de las partes no puede componerse ni tener sentido. Ver lo que no se ve, oír lo que no se oye, conocer (intuitiva, vivencialmente) lo que no se conoce (distinta o separadamente, de manera racional). Es la plenitud que no puede del todo expresarse con palabras, pues se limitaría y empequeñecería, pero que bien comprenden quienes la han experimentado.

 

     Sapientibus est enim non curare de nominibus, dice el proverbio medieval. Es propio del sabio no hacer caso de los nombres, de las palabras. Porque entiende y trasciende todos los lenguajes. Lee el rostro, percibe los signos, escucha a la naturaleza… Ha aprendido el lenguaje de los pájaros, figura de los ángeles o daimones que median (¡el Fedro platónico!) entre dioses y hombres.

 

     La sabiduría es el sencillo lenguaje mediador, la actitud mediadora e integradora, la gota de aceite zambraniana. Se traduce y refleja en la vida. Ilumina, esclarece la vida, luz en la sangre, como quiso Cervantes.

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